lunes, 27 de febrero de 2012

Layla o el abismo de la locura llamada Amor... Eric Clapton.

"El amor, si no es verdadero, no es más que un juguete de los sentidos, que dura tan poco como la juventud. El tiempo es perecedero, el amor no. El brasero de carbón en el que arde es la eternidad misma, sin comienzo ni fin"

“La leyenda de Layla y Majnum”
(narración del poeta persa Nizami)






El mundo del rock rebosa de historias y anécdotas, algunas de ellas más sustentadas en los mitos y leyendas que en las concretas realidades; más aún, de aquellos pasajes morbosos que intentan retratar un momento específico en la vida de un grupo o un artista, o tal vez el auténtico origen y significado de una letra, son pocos los que han sido ratificados o desmentidos de viva voz por el involucrado, habida cuenta de que no hay mejor alimento para la fama que el provocar asombros que se basan en la fantasía y en la imaginación a través del tiempo.

Y ello tiene un efecto inmediato. Para bien o para mal, algunos personajes involucrados con los músicos y los grupos se mitifican y otros tantos se satanizan, y expuestos bajo la luz de la fama y sostenidos por el silencio de quienes testimoniaron ciertas historias pero que no se atreven a ratificarlas o desmentirlas, hombres y mujeres pagan caro su sitio de infamia o virtud en que se les ubica en la historia del rock.

Tal es el caso de Pattie Boyd, quien para su fortuna –o infortunio- tuvo que ver con dos de los más grandes músicos de la mitología rocanrolera: George Harrison, de The Beatles, y Eric Clapton, considerado como uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, de quien alguien escribiera un graffitti en Inglaterra aseverando “Clapton is God”, en clara alusión a su talento musical con la guitarra.

Primeramente Pattie fue esposa de Harrison, para después dejarlo y embarcarse en un amorío frustrante, plagado de falsas expectativas y ficticios momentos de felicidad al lado de Clapton. George y Eric –amigos ambos hasta la muerte del ex beatle en 2001- supieron lidiar con la incomodidad de la confesión de manera decorosa, según lo narrado por Clapton en su autobiografía. Y se podría abundar mucho sobre todo lo que implicó el involucramiento emocional y sentimental para los tres, o tal vez conjeturar sobre quién estuvo bien y quién estuvo mal… pero esa no es mi intención.

Si hubiera que hablar de alguna virtud especial y comprobable de Pattie Boyd, esa fue la de ser capaz de despertar en dos músicos extraordinarios su talento para crear dos canciones por demás hermosas. Harrison logró que en el disco Abbey Road de 1969 de The Beatles apareciera en la cara “A” la bellísima Something –de su propia autoría- , considerada por muchos críticos como la canción más fina y mejor elaborada musicalmente hablando por el cuarteto de Liverpool; pero también Clapton hizo lo propio: en 1971 se retroalimenta con la experiencia vivencial del sentimiento no correspondido y crea una de las más bellas y desgarradoras canciones de amor –o desamor, quizás- del rock: Layla, grabada para la posteridad en el álbum “Layla and other assorted love songs”, del grupo “Derek and the Dominoes”.

Baste saber, por ejemplo, que la canción tiene un primer momento de inspiración en una leyenda persa en la que se narra la historia de Majnum –el loco- , quien concibió siendo niño un desbocado amor por Layla –la noche- que lo llevó a rozar los abismos de la locura y la pasión. La leyenda señala que a pesar de ser un amor correspondido, la familia de Layla rechazó al joven apasionado, lo cual condujo a Majnum al desvarío amoroso causado por el alejamiento de su amada. En el afán de sanarlo, la familia de Majnum accede a llevarlo a la Meca y orar en el lugar sagrado para que el sano juicio volviera a él. Allí, el enloquecido enamorado simplemente se atrevió a vociferar: “No permitas, Señor, que me abandone de este amor la locura, no permitas que retorne mi alma a ese tormento que muchos llaman cordura”… Revisando un poco más el contenido poético de la leyenda persa, entenderemos el por qué Clapton usa como modelo inspiracional esta leyenda del siglo XII:

“He gritado tu nombre en el eco del valle
¡Layla!, dije y volaron los pájaros.
Soy un loco de amor,
Un Machnún que se entrega a la dulce inocencia de Layla.
He cortado una rosa y la he puesto en el viento.
Se han soltado sus pétalos y al irse volando
Eran alas de mil mariposas en danza.
¿Cómo canta el silencio su nombre por cada cañada?
¿Por qué oculto misterio en los ojos del agua
Veo sólo sus ojos?

Corazón trastornado, ay, cómo la añoro…
Todo tiene su nombre grabado en el filo.
Todo enciende en mi sangre su dulce recuerdo
Que es amargo también.
Tiene luz en la sombra y sombra en la luz.

¡Layla! Vuelvo a gritar. Y se callan las cosas.
De repente la noche se ha echado en los montes
y la luna me deja en el alma al mirarme
Una pena que sangra alegría
Y un dolor que es tristeza que salta…”


Algunos siglos después, una nueva leyenda se escribe cuando Eric Clapton, Duane Allman, Jim Gordon, Carl Radle y Bobby Withlock se reúnen en los Criteria Estudios de Miami entre agosto y septiembre de 1970, e incrustar en la cara “D” del álbum doble una canción extraordinaria de siete minutos, en los que la guitarra destila un riff obsesivo en una primera parte -la locura-, para dar paso en la parte media de la canción a una armoniosa construcción idílica, obra de la guitarra de Duane Allman, en la que reposa la dulzura melancólica de esta pieza cumbre, obra maestra de un hombre atormentado por el desamor que se atreve a escribir a ciegas, inmerso en la oscuridad del dolor y el abandono una canción que diría más o menos así:

Layla

What'll you do when you get lonely
And nobody's waiting by your side?
You've been running
And hiding much too long.
You know it's just your foolish pride.


Layla, you've got me on my knees.
Layla, I'm begging, darling, please.
Layla, darling,
Won't you ease my worried mind?

I tried to give you consolation
When your old man had let you down.
Like a fool, I fell in love with you,
Turned my whole world upside down.


Let's make the best of the situation
Before I finally go insane.
Please don't say
We'll never find a way
And tell me all my love's in vain.


Layla

¿Qué harás cuando te sientas sola
Y nadie esté esperando a tu lado?
Has estado corriendo
Y escondiéndote por mucho tiempo.
Sabes que es simplemente tu tonto orgullo.


Layla, me tienes de rodillas.
Layla, te suplico, querida, por favor.
Layla, querida,
¿No aliviarás mi mente preocupada?

Intenté darte consuelo
Cuando tu viejo te había defraudado.
Como un tonto, me enamoré de ti,
Puse todo mi mundo al revés.

Hagamos que las cosas mejoren
Antes de que me vuelva definitivamente loco.
Por favor no digas
Que nunca encontraremos un camino
Y que todo mi amor es en vano.

Layla, del álbum doble "Layla and other assorted love songs" Derek and the Dominoes", 1970, Polydor Records.

jueves, 2 de febrero de 2012

Sin recapitular, sin rendirse... Bruce Springsteen



En plena campaña por la presidencia de Estados Unidos en 1984, el candidato republicano Ronald Reagan encontró en su visita electoral a New Jersey el mejor pretexto para ganar votos en esa que es la tierra natal de un grande del Rock, Bruce Springsteen. Aprovechó entonces la ocasión para hacer un discurso en el que dijo lo siguiente:

“El futuro de América reside en miles de sueños dentro de nuestros corazones. Reside en el mensaje de esperanza que transmiten las canciones que tantos jóvenes americanos admiran: las canciones del artista de Nueva Jersey Bruce Springsteen. Y convertir esos sueños en realidad es mi trabajo”.

Y con ello, abrió la puerta a una polémica innecesaria, plagada de malos entendidos que llevaron al álbum “Born in the USA”, del propio Springsteen, a ser motivo de críticas injustas, pues muchos vieron de manera equivocada en el título del disco, su portada con la bandera americana desplegada en el fondo y el apoyo que previamente el cantante había brindado a los veteranos de Vietnam, una manifestación chovinista por parte de Bruce a favor del “sueño americano” tal y como lo vendía el candidato presidencial. Nada más falso que eso…

Y así, de golpe y de manera circunstancial, “Born en the USA” se convirtió en uno de los álbumes más incomprendidos en la historia del rock americano, cuando en realidad debe ser considerado como uno de los más trascendentales de la década de los ochenta y en general de la historia del rock. Pero Bruce no se inmutó y mucho menos se desgastó en paradas y aclaraciones innecesarias. Su disco y las letras, bien escuchadas, hablaban por sí solas. Si acaso, esperó un momento más oportuno, el famoso concierto en Pittsburgh, para de una vez por todas dejar muy firme su postura política:

“El presidente me mencionó el otro día en su discurso. Y eso me hizo pensar en cuál de mis discos debe ser el favorito. Y no creo que sea Nebraska, no creo que éste lo haya escuchado (…) Nos están dividiendo en dos Américas. Se le están quitando cosas a la gente que las necesita para dárselas a los que no las necesitan, y hay una promesa que se rompe. Creo que la idea original era que todos viviéramos como una familia donde el más fuerte ayuda al más débil, el rico ayuda al más pobre. Es el sueño americano. No se trata de que todo el mundo lo consiga o gane un billón de dólares, sino de que todos tengan la oportunidad de vivir una vida decente y con algo de dignidad”.

Basta entonces cederle la palabra al Jefe para coincidir en esa convicción de justicia y reclamo por las promesas incumplidas, dejarle que con esa voz rasposa y plena de sentimiento nos ofrezca en canciones como “No surrender”, el verdadero trasfondo de la insatisfacción que siempre abreva de buena manera en el rock. Porque en gran medida, el espíritu del rock se sustenta precisamente en eso: en no rendirse, en defender en cada acorde y desgarro vocal los viejos ideales de los cuales siempre Springsteen ha sido un extraordinario portavoz…


NO SURRENDER

We busted out of class had to get away from those fools
We learned more from a three-minute record
That we ever learned in school
Tonight I hear the neighborhood drummer sound
I can feel my heart begin to pound
You say you're tired and you just want to close
Your eyes and follow your dreams down

We made a promise we swore we'd always remember
No retreat no surrender
Like soldiers in the winter's night with a vow to defend
No retreat no surrender

Now young faces grow sad and old and hearts of fire grow cold
We swore blood brothers against the wind
I'm ready to grow young again
And hear yur sister's voice calling us home
Acroos the open yards
Believin' we could cut someplace of our own
With these drums and these guitars

We made a promise we swore we'd always remember
No retreat no surrender
Like soldiers in the winter's night with a vow to defend
No retreat no surrender

Blood brother in the stormy night with a vow to defend
No retreat no surrender

Now on the street tonight the lights gro dim
The walls of my room are closing in
But it's good to see your smiling face
And to hear your voice again
We could sleep in the twilight
By the river bed
With a wide open country in our hearts
And these romantic dreams in our heads

We made a promise we swore we'd always remember
No retreat no surrender
Like soldiers in the winter's night with a vow to defend
No retreat no surrender

"No surrender", del álbum "Born in the USA", 1984, Columbia records.

miércoles, 1 de febrero de 2012

I don´t like mondays... o la narrativa de una tragedia a ritmo de rock.


Boomtown Rats - I Don't Like Mondays por jpdc11

Diciembre de 1978. La aguja del tocadiscos seguramente repasó durante esos días de fiestas navideñas una y otra vez los surcos del nuevo acetato de The Police, “Outlandos d´Amour", salido a la venta en noviembre del mismo año. Y mientras seguramente escuchaba “Can´t stand losing you”, Brenda Spencer cavilaba sobre cuál sería el mejor regalo para ella en esa navidad. Seguramente no lo pensó mucho, le gustaba la música y en consecuencia pidió un radio, pero de manera inexplicable llegaría a sus manos un objeto diferente, ocurrencia desquiciada de su padre que daría paso a una tragedia real.

29 de enero, 1979. Brenda llegó más temprano de lo habitual a su escuela, la primaria Grover Cleveland. Seguramente fue la primera en subir a la parte alta del edificio, buscando con ansiedad el sitio perfecto para poder estrenar su juguete navideño. Tan pronto como encontró el ventanal amplio e ideal para tal fin, sacó el rifle semiautomático calibre 22 que su padre le había obsequiado. Minutos después, justo cuando comenzó el lento desfile de los alumnos uniformados por los patios y corredores del edificio escolar, fue que decidió que era el momento preciso. Apoyada en el marco del ventanal, con un panorama amplio de lo que abajo ocurría, Brenda Spencer no lo pensó mucho: durante cerca de seis terroríficas horas se dedicó a vaciar el parque de su arma usando para ello a sus compañeros de escuela, algunos adultos y hasta el vigilante del colegio como blancos móviles, quienes corrían desconcertados o bien intentaban parapetarse entre las jardineras del plantel, sorprendidos e indefensos por aquella masacre que, en esos lejanos tiempos de finales de los 70´s no era común que ocurriera.

Una vez que el rifle dejó de rafaguear, Brenda Spencer por fin fue detenida y trasladada ante la autoridad que mostró su incompetencia y vulnerabilidad por vez primera para atender atentados como ése que ahora, lamentablemente, son frecuentes. La primera declaración hecha por Brenda fue simple. Cuando le cuestionaron por qué lo hizo, sólo atinó a contestar: “No me gustan los lunes. Sólo lo hice para animarme el día. No tengo ninguna razón más. Sólo fue para divertirme. Me gustan el rojo y el azul de los suéteres de los alumnos. (…) vi a los niños como patos que andaban por el lago y un rebaño de vacas rodeándolos. La verdad, fueron blancos fáciles…” El diagnóstico emitido por los especialistas que fueron designados para analizar su comportamiento simplemente fue un elemento más, mismo que sirvió para justificar la condena por treinta años de prisión que otorgó el fiscal del condado de San Diego: “(…) Incapacidad para lidiar con el estrés y una inclinación desmesurada para actuar con ira”.

Brenda conmocionó en su momento al mundo entero, de la misma manera en que seguramente sacudió las mentes de sociólogos, psiquiatras y especialistas de la conducta humana. A fin de cuentas había algo intrigante. ¿Qué vivencias específicas llegan a marcar la mente de una niña, a grado tal de desatar en ella, ser humano al fin, una absurda e impredecible irracionalidad? La pregunta aún sigue sin contestarse. Apenas un mes después de este suceso en el que perdieron la vida dos personas, el prácticamente desconocido grupo The Boomtown Rats y su líder, el cantante Bob Geldof, volvían a sacudir al mundo con la historia de Brenda Spencer convertida en una canción que terminó por ser prohibida por “motivos educativos” en muchos lugares de Estados Unidos, un país que se jacta de tener una Asociación Nacional del Rifle, que se muestra orgulloso de su Segunda Enmienda constitucional que permite prácticamente a cualquiera adquirir y portar un arma de fuego, que destina una parte mayoritaria de su presupuesto en apuntalar su posición de líder en la escalada armamentista a nivel mundial, pero que también se da golpes de pecho y reza por los caídos, como quien trata de justificar en el ejercicio de su doble moral –también irracional y perversa- otras tragedias recientes como la de Columbine, la de Virginia y la de Ohio. Ah, ¿y la canción, cómo se llama? Eso también fue simple: I don´t like Mondays…

I DON´T LIKE MONDAYS

The silicon chip inside her head Gets switched to overload
And nobody’s gonna go to school today
She’s gonna make them stay at home
And daddy doesn’t understand it. He always said
she was good as gold And he can see no reasons
‘Cos there are no reasons. What reason do you need to be show-ow-ow-ow-own?

Tell me why I don’t like Mondays
I wanna shoo-oo-oo-oo-oo-oot
The whole day down

The Telex machine is kept so clean And it types to a waiting world
And mother feels so shocked Father’s world is rocked
And their thoughts turn to their own little girl
Sweet 16 ain’t that peachy keen
Now that ain’t so neat to admit defeat
They can see no reasons ‘Cos there are no reasons
What reasons do you need? Oh Oh Oh Oh

Tell me why I don’t like Mondays
I wanna shoo-oo-oo-oo-oo-oot
The whole day down, down, down,
Shoot it all down

And all the playing’s stopped in the playground now
She wants to play with her toys a while
And school’s out early and soon we’ll be learning
And the lesson today is how to die
And then the bullhorn crackles And the captain tackles
With the problems and the hows and whys
And he can see no reasons ‘Cos there are no reasons
What reason do you need to die, die? Oh Oh Oh
Tell me why I don’t like Mondays
I wanna shoo-oo-oo-oo-oo-oot
The whole day down


NO ME GUSTAN LOS LUNES
(Traducción libre JRP)


El chip de silicio se ha albergado en el cerebro y está sobrecargado
Y hoy nadie acudirá al colegio
Ella logrará que todos permanezcan en sus casas
Y papi no logra comprenderlo, él siempre había dicho
Que ella era como el oro. Y no le ve razón alguna
Porque tampoco hay razones. ¿Qué otra cosa se puede argumentar?

Explíquenme por qué no me gustan los lunes.
Quiero terminar todo el día de un solo tiro.

El fax está impecable y el mundo a la expectativa de lo que salga de él
Y mamá comienza a sentirse sacudida y en shock, mientras papá siente que el mundo se derrumba
Ambos piensan en su pequeña hija consentida
Súbitamente los dulces dieciséis han dejado de ser como el melocotón tierno
y no les resulta fácil admitir su derrota.
Y no encuentran explicación alguna porque no hay razones para ello
¿Qué explicaciones se podrían dar?

Explíquenme por qué no me gustan los lunes.
Quiero terminar todo el día de un solo tiro.

Y los juegos en el patio de la escuela se han suspendido
Porque ella desea jugar con su juguetito un rato
Y la escuela por hoy ha terminado antes y pronto aprenderemos la nueva lección:
Lo que aprenderemos hoy es cómo morir
Y entonces sonará el megáfono con la voz del capitán
Explicando el problema, los cómos y sus porqués
Y en el fondo no tiene razones, porque no hay motivos
¿Qué motivos se necesitan para morir?

Explíquenme por qué no me gustan los lunes.
Quiero terminar todo el día de un solo tiro.

I don´t like monday, The Boomtown Rats, del álbum The fine Art of Surfacing, 1979, Columbia Records.